La exalcaldesa de Bogotá Claudia López rompió el silencio este viernes para responder a las fuertes críticas desatadas tras su reciente y polémico encuentro con el expresidente Gustavo Petro. Lo que para diversos sectores políticos representó un viraje incongruente frente a los duros choques del pasado, la exmandataria lo catalogó como un paso ineludible de reconciliación estratégica ante el triunfo de la derecha liderada por el actual presidente Abelardo De La Espriella, a quien calificó como la cabeza de un proyecto «fascista, antiderechos y autoritario».
López explicó que su asistencia a la cita con el exmandatario obedeció a tres motivaciones centrales. En primer lugar, le exigió una rectificación personal e institucional por las campañas sistemáticas de hostigamiento, calumnias y sectarismo promovidas desde las bases del Pacto Histórico en contra suya y de la senadora Angélica Lozano. Según la política, le reiteró al líder progresista que los verdaderos detractores de su administración no fueron quienes defendieron proyectos como el metro bogotano, sino personajes corruptos como «las Julianas Guerreros que lo han traicionado de todas las formas posibles».
Pese a valorar un supuesto «propósito de enmienda» por parte del exjefe de Estado, López aclaró que este acercamiento no significa borrón y cuenta nueva frente a la corrupción. Afirmó que la justicia debe castigar con severidad a los responsables de los desfalcos del gobierno saliente, recordando que el electorado ya emitió un primer fallo al negarle la continuidad al progresismo en las urnas. Sin embargo, argumentó que ante el nuevo panorama político nacional es inviable articular una defensa democrática ignorando al Pacto Histórico como la fuerza de centroizquierda más numerosa del país.
Frente a los cuestionamientos de figuras de la orilla opuesta —descalificando con dureza los señalamientos de la excandidata Vicky Dávila a quien tachó de «meme»—, la exalcaldesa insistió en que su actuación mantiene una coherencia ideológica orientada a proteger los derechos de las mujeres, campesinos y minorías sociales. Concluyó que, aunque sanar las fracturas internas del progresismo exigirá un camino complejo, los sectores democráticos tienen el deber histórico de unirse para contener lo que califica como una amenaza directa a las libertades ciudadanas en Colombia.




