Colombia entra en la semana definitiva: entre la esperanza, el cansancio y una decisión de país
A cuatro días de la primera vuelta presidencial, Colombia cerró oficialmente sus campañas políticas en medio de plazas llenas, discursos encendidos y una ciudadanía que parece debatirse entre la esperanza de un cambio y el cansancio de una polarización que lleva años marcando la conversación nacional.
Los actos de cierre de Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda dejaron una imagen clara: más que tres candidatos, hoy existen tres formas distintas de entender el país. Tres relatos que hablan de seguridad, reformas, autoridad, justicia social, economía y miedo; pero también de una ciudadanía golpeada por la incertidumbre, el desempleo, la inseguridad y la desconfianza hacia la política tradicional.
Desde Bogotá, Paloma Valencia defendió un discurso enfocado en la institucionalidad, el fortalecimiento económico y la recuperación de la autoridad del Estado. Su campaña buscó conectar con sectores que sienten preocupación frente al rumbo económico y social del país, apelando a la necesidad de orden en medio de un clima político cada vez más fragmentado.
En contraste, Abelardo de la Espriella llegó a la recta final convertido en uno de los fenómenos políticos más comentados de la campaña. Su discurso directo, confrontacional y emocional logró conectar con ciudadanos inconformes con el establecimiento político y con el deterioro de la seguridad en varias regiones del país. Las encuestas más recientes muestran un crecimiento acelerado de su candidatura, alcanzando cerca del 30,9 % de intención de voto y reduciendo la distancia frente al primer lugar.
Por su parte, Iván Cepeda cerró campaña insistiendo en la continuidad de reformas sociales y en la necesidad de reducir las brechas de desigualdad. El candidato lidera actualmente varios sondeos con alrededor del 33,4 % de intención de voto, consolidando una base electoral importante, aunque todavía enfrentando resistencia en sectores que reclaman mayores resultados frente a las dificultades económicas y sociales de los últimos años.
La recta final presidencial refleja el cansancio político y la búsqueda de esperanza
Sin embargo, más allá de quién lidera las encuestas o quién logró llenar más plazas, la sensación que queda al cierre de esta campaña es otra: Colombia parece haber convertido cada elección en una disputa emocional donde el adversario político deja de ser contradictor y empieza a verse como enemigo.
Las redes sociales amplificaron esa división. Los ataques personales muchas veces reemplazaron los debates de fondo. Y mientras millones de ciudadanos discuten entre izquierda, derecha o centro, muchos siguen esperando respuestas concretas sobre empleo, oportunidades, seguridad, salud y calidad de vida.
De acuerdo con cifras de la Registraduría Nacional, más de 40 millones de colombianos están habilitados para votar el próximo domingo. Pero quizás la pregunta más importante no es cuántos votarán, sino desde dónde lo harán: desde la esperanza, desde el miedo, desde la rabia o desde la convicción.
Porque estas elecciones no solo definirán un nuevo presidente. También pondrán a prueba la capacidad del país de escucharse en medio de las diferencias y entender que ninguna democracia se sostiene únicamente desde la confrontación permanente.
A cuatro días de las urnas, Colombia entra en silencio. Y en ese silencio, millones de ciudadanos comienzan a tomar una decisión que irá mucho más allá de un tarjetón.
Andrés Chica, Periodista.




